Bitcoin y la cambiante definición de “seguridad”

Cuando las supuestas inversiones seguras, como los bonos y las acciones, tienen un bajo rendimiento, ¿qué significa para nuestra visión de las inversiones aparentemente arriesgadas como bitcoin? Noelle Acheson brinda sus opiniones.

AccessTimeIconApr 4, 2023 at 6:51 p.m. UTC

Por suerte, rara vez tenemos que pensar sobre la Jerarquía de las necesidades de Maslow, esa pirámide que veíamos en la escuela que establece los requisitos claves para que las personas prosperen. Pero esto es hasta que una de las necesidades de la parte inferior no se ve satisfecha y nos encontramos pensando todo el tiempo en ella.

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  • Para recapitular: en la parte inferior tenemos las necesidades básicas para sobrevivir; es decir, las necesidades físicas para la nutrición, el descanso y un techo sobre nuestras cabezas. Luego, está la seguridad. La siguiente parte es la necesidad psicológica de pertenecer y la autoestima, y así llegamos a la cima de la pirámide que trata sobre alcanzar el potencial completo de cada uno. Sé que muchos académicos no están de acuerdo con la premisa y que Maslow en realidad nunca dibujó un triángulo, pero ténganme paciencia mientras esbozo esta teoría.

    Noelle Acheson es la antigua jefa de Investigación en CoinDesk y Genesis Trading. Este artículo forma parte de su newsletter Crypto Is Macro Now, que se enfoca en las áreas en común entre los cambiantes panoramas de las criptomonedas y la macroeconomía. Estas opiniones le pertenecen y nada de lo que escribe debería considerarse como un consejo de inversión.

    Algunos de ustedes seguramente notaron que no existe una línea separada para la “confianza”. Muchos podrían decir que es un requisito para todas, dado que necesitas confiar en que la comida que comes no te matará, o que tu hogar no volará por los aires o que una amistad estará ahí para ti cuando la necesites. Pero la característica con la que está entrelazada es “seguridad”, y yo argumentaré que está encajada en esa categoría. La confianza supone creer en la seguridad para sentir y actuar, y es un componente clave que forma parte de casi todo lo que implica el progreso personal y de la civilización.

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    Por lo tanto, la confianza es necesaria para la seguridad (que no tiene sentido si no se cree en ella) y la seguridad es necesaria para la confianza (pero sin garantías básicas, es difícil confiar en algo). Entonces, ¿qué sucede cuando nuestra creencia en lo que es la “seguridad” comienza a cambiar?

    En el mundo financiero, lo que es y lo que no es seguro está empezando a cambiar. Echemos un vistazo a cómo han estado últimamente las “inversiones seguras y sensatas”.

    Se supone que los bonos del gobierno de Estados Unidos son los activos más seguros en el mercado, ya que el gobierno no incumplirá en su propia deuda, (¿verdad?). Sin embargo, a principios de este mes su volatilidad alcanzó sus niveles más altos desde la Gran Crisis Financiera de 2008. Durante el último año, con el ciclo de subas de tasas de interés más fuerte desde la década de 1980, el riesgo de tasas de interés ha sido el más alto de la historia. Los valores de los bonos se desplomaron y todo esto se dio mientras el costo de asegurarse contra el default de parte del gobierno estadounidense se ha disparado a su máximo nivel en más de diez años. Eso no parece muy seguro.

    ¿Y las acciones? Siempre nos dijeron que se encontraban entre los activos de mayor riesgo, pero desde hace tiempo que han estado al alza. El siguiente gráfico muestra el S&P 500 junto a un índice de bonos del gobierno a largo plazo. ¿Cuál te parece que es más seguro?

    Y luego está la sabiduría de la diversificación: imita a los grandes índices, nos dicen, y tus rendimientos serán mejor distribuidos. Solo que, profundizando aún más, vemos que las acciones tecnológicas de alto riesgo representan casi el 30% del S&P 500 y ocupan las seis primeras posiciones en el ranking de capitalización de mercado. Esto suena más a concentración que a diversificación, algo que sin duda añade riesgo.

    Cualquiera que haya interactuado con un asesor profesional habrá escuchado hablar del porfolio 60/40, que cuenta con una distribución preestablecida de acciones/bonos para ofrecer una rentabilidad más equilibrada que cuando nos enfocamos en solo una u otra clase de activos. Sin embargo, el típico porfolio 60/40 perdió 18% en una base nominal, algo similar al daño causado por el S&P 500 por sí solo. Así que no es tan seguro.

    Ahora, las propiedades deben ser seguras, ¿no? Espera. Los datos publicados la semana pasada muestran que los precios de las propiedades en Estados Unidos están bajando. Cayeron 0,2% en enero respecto a diciembre y 3% desde junio del año pasado. Estos porcentajes parecen bajos comparados con la caída de la renta variable del año pasado, pero dado que la vivienda suele ser la inversión más importante de una familia, estas caídas pueden ser dolorosas. Aun así, el sector inmobiliario supuestamente sigue siendo estable y ofrece la seguridad del refugio.

    Por otra parte, tenemos el oro, que es uno de los “refugios seguros” más antiguos conocidos por la humanidad. Ese metal duradero con un mercado líquido y (en teoría) una oferta que no puede ser manipulada. Pero nunca podemos estar seguros de que lo que tenemos realmente es oro, y es muy complicado almacenarlo y mantenerlo alejado de las manos de los que son más fuertes que nosotros. El oro papel es más conveniente, pero incluso si estamos seguros de que las barras que los respaldan son reales, esas barras pueden ser embargadas. Aunque es poco probable, el valor de nuestras tenencias en oro podría ser cero. Eso no suena particularmente seguro.

    Y por supuesto. Lo “más seguro” es evitar los mercados de valores y dejar tu dinero en tu cuenta bancaria. A pesar de los dichos oficiales que aseguran que el sistema bancario de Estados Unidos es “sólido y resistente”, los depositantes aún están nerviosos, aunque las salidas parecen haber retrocedido por ahora. Pero la naturaleza digital de los bancos implica que podría cambiar en minutos, y todavía no es seguro si todos los depositantes estarán protegidos.

    Y así llegamos a bitcoin (BTC). Nos dicen que no es para nada seguro, y hasta nos dijeron que es “peligroso”. Sin embargo, durante todo el año pasado, que estuvo minado de colapsos y decepciones, bitcoin siguió trabajando. El precio se desplomó, pero la criptomoneda no perdió el ritmo. Y es más: en tiempos de gran agitación, un activo que es difícil de incautar pero fácil de transportar podría sonar refrescantemente seguro para muchos que deben huir de sus hogares y/o están preocupados por quedarse afuera de las vías de pago tradicionales. Además, es algo fácil de verificar.

    Así que, justo cuando estamos comenzando a darnos cuenta de que es hora de reevaluar lo que significa “seguro”, ya sea que tenga que ver con el rendimiento, la continuidad o la independencia, vemos un cambio cultural que nos está pidiendo que nos preguntemos por qué importa siquiera. Incluso antes de la pandemia del COVID-19, la confianza en las instituciones había estado cayendo y la intensificación de la polarización política en todo el mundo debilitaba la confianza en muchos a los que los gobiernos ofrecerían protección, especialmente si —como nos recuerdan todo el tiempo— el planeta se ve en problemas nuevamente.

    Además, también está la “gamificación” de invertir, que recompensa las decisiones con pantallas llenas de papelitos de colores o, al menos, con algún reconocimiento social. Generalmente, la diversión le gana a la seguridad, en especial cuando el futuro para el que se supone que están ahorrando los jóvenes parece cada vez más oscuro en sus ojos.

    Y a esto se suma el interés cada vez más grande de un nuevo tipo de activo que se ejecuta a través de vías que están completamente fuera del sistema establecido y que pone de relieve el creciente deseo por independencia, la comunidad horizontal y el escepticismo ante las buenas intenciones de los autoridades.

    Todo esto apunta hacia un reconocimiento inevitable que establece que bitcoin y sus pares representan muchos más que un activo de inversión “arriesgado”. Representan un cambio en la filosofía inversora que le habla a una generación de inversores cada vez más independientes. A su vez, también representan los cambios culturales y políticos que debilitan el poder de las autoridades que intentan imponer normas de seguridad que ya no tienen sentido.

    Pero volvamos a la pirámide de Maslow donde la confianza y la seguridad se mezclan: si una cambia, también lo hace la otra. Es por eso que los cambios en los marcos de inversiones que estamos viendo van más allá de las asignaciones de porfolio. También tienen que ver con cambios sociales mucho más profundos y el reconocimiento de que, aunque la sabiduría se va acumulado a lo largo de generaciones y no debería arrojarse por la ventana solo porque es “tradicional”, cuestionarse las convenciones ayuda a la cultura a ser más flexible y resistente. Dar un paso atrás de lo nuevo aumenta la fragilidad, algo que no es para nada seguro.

    Este artículo fue traducido por Natalia Paulovsky.

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